El Villarrealestá firmando una temporada sobresaliente en La Liga, no solo siendo el mejor fuera de Barça, Madrid y Atleti, sino además peleando por la tercera plaza y cerca de los dos equipos punteros. Los de Marcelino sumaron 41 puntos en la primera vuelta, el mejor registro en la historia del club. Incluso con un partido aun por disputar, el aplazado ante el Levante por las duras condiciones climáticas.
Sin embargo, no hay equipo que quede exento de baches, por pequeños o grandes que sean. Y el del conjunto groguet, aun tenía que llegar. Lo ha hecho en este último mes, en el que solo ha logrado ganar un encuentro de los últimos cinco en Liga. Ayer, se confirmó este dato con la derrota en el Coliseum Alfonso Pérez, cuando cayeron ante el Getafe (2-1).
Racha negativa
Hay que poner en contexto esos malos resultados. Cayeron en el Benito Villamarín, ante un buen Betis. Santi Comesaña dejó al equipo con uno menos tras ser expulsado con 1-0 (2-0, resultado final). Después perdieron en la visita del Real Madrid (0-2) a la Cerámica. Partido que se puede permitir perder, pero es un escenario en el que los blancos se suelen dejar puntos. Los peores resultados fueron el empate en Pamplona ante Osasuna (2-2) y la reciente derrota ante el Getafe. Un halo de luz en este sombrío momento de forma del equipo, fue la contundente victoria frente al Espanyol (4-1). Un oasis en el último mes.
El submarino, bajo de defensas
No se puede ser tremendista y vender una crisis que, dada la situación del equipo, acomodado en posiciones Champions, no existe. No obstante, sí es preocupante que la dinámica haya decaído tanto, pasando de ser un rodillo a un equipo frágil atrás, al que se le están sacando puntos.
Precisamente ese es uno de los mayores problemas y causantes de esta mala racha. El nivel defensivo de los castellonenses está dejando mucho que desear, con nueve tantos recibidos en esos últimos cinco partidos. La grave lesión de Juan Foyth les ha hecho perder a un efectivo importante en la zaga, pero siguen contando con jugadores de talento en esa zona.
Parece más un problema estructural del sistema del equipo, que el nivel de la propia defensa. Lo cierto es que Renato Veiga ha bajado un poco la calidad de sus prestaciones, cometiendo ayer un penalti que transformaría después Mauro Arambarri. Pau Navarro parece un poco verde todavía y Rafa Marín también está mostrando una versión desmejorada respecto a lo que ofreció en el primer tramo de campaña.
El naufragio del submarino amarillo
El 4-4-2 para defender siempre le ha dado buenos réditos a Marcelino, y ha sido una máquina productiva de contrataques para este Villarreal. Saliendo con la velocidad de sus delanteros y extremos, han formado uno de los ataques más peligrosos del campeonato. Gerard Moreno, Georges Mikautadze, Nicolas Pépé, Alberto Moleiro, Ayoze Pérez, Tajon Buchanan… el talento del equipo arriba es infinito. Goles no van a faltar, pero deben encontrar el equilibrio de nuevo para no descuidar el apartado defensivo.
El eslabón más débil del Villarreal seguramente esté en la portería. Luiz Júnior ha demostrado ser un buen guardameta, pero no ha aportado esa seguridad que un equipo top de La Liga necesita.
En definitiva, el submarino amarillo se está empezando a parecer más al de la Champions que al de la Liga. Un equipo flojo atrás, cuando construyen sus ataques desde el orden defensivo y el contrataque. Si bien la situación no es tan catastrófica como lo que se ha vivido en Liga de Campeones (con solo un punto en ocho partidos), el camino del equipo va hacia el naufragio, sino consiguen enderezarlo pronto.